cabalgan sobre los copos de nieve al caer. Ojalá los estadounidenses fueran tan sencillos y naturales como los alemanes, ¿no crees? “Me gusta tanto escribir que seguiría hilvanando palabras para siempre si motivos de economía no me detuvieran, pues aunque he usado papel fino y letra menuda, tiemblo al pensar en los sellos que necesitará esta carta tan larga. Te ruego que me envíes la de Amy en cuanto puedas prescindir de ella. Mis pequeñas noticias sonarán muy sosas después de sus grandezas, pero sé que te gustarán. ¿Está Teddy estudiando tanto que no encuentra tiempo para escribir a sus amigos? Cuídalo bien por mí, Beth, cuéntame todo sobre los bebés y dale montones de recuerdos a todos. “De tu fiel Jo. “P. S. Al releer mi carta me da la impresión de que es bastante «bhaeriana»; pero siempre me interesan las personas excéntricas, y la verdad es que no tenía de qué otra cosa escribir. ¡Dios te bendiga!”
“Diciembre. > > “Mi preciosa Betsey: > > “Como esta va a ser una carta escrita a troche y moche, te la dirijo a ti, pues puede divertirte y darte una idea de mis andanzas; las cuales, aunque tranquilas, son bastante divertidas, por lo cual, ¡oh, alégrate! Tras lo que Amy llamaría esfuerzos hercúleos, a modo de agricultura mental y moral, mis jóvenes ideas empiezan a brotar y mis pequeñas ramas a doblarse