viviendo todo tipo de aventuras divertidas. Los días de lluvia los paso en el Louvre, deleitándome con los cuadros. Jo torcería su traviesa nariz ante algunos de los mejores, porque no tiene alma para el arte; pero yo sí, y estoy cultivando mi ojo y mi gusto tan rápido como puedo. A ella le gustarían más las reliquias de personajes célebres, pues he visto el sombrero bicorne y el abrigo gris de Napoleón, la cuna de su infancia y su viejo cepillo de dientes; también el zapatito de María Antonieta, el anillo de san Denís, la espada de Carlomagno y muchas otras cosas interesantes. Ya os hablaré durante horas de todo ello cuando vuelva, pero ahora no tengo tiempo de escribir. > > “El Palais Royale es un lugar celestial, tan lleno de bisutería y cosas preciosas que estoy casi loca por no poder comprarlas. Fred quiso comprarme algunas, pero por supuesto no se lo permití. Luego, el Bosque y los Campos Elíseos son très magnifique. He visto a la familia imperial varias veces: el emperador es un hombre feo y de aspecto duro; la empareja, pálida y bonita, pero vestida con mal gusto, según creo: traje morado, sombrero verde y guantes amarillos. El pequeño Nap. es un muchacho apuesto que va charlando con su tutor y tira besos con la mano a la gente al pasar en su carruaje de cuatro caballos, con postillones de chaquetas de
“A menudo paseamos por el jardín de las Tullerías, pues es encantador, aunque el antiguo jardín de Luxemburgo me va más. Père la Chaise resulta de lo más curioso, ya que muchas tumbas son como pequeñas habitaciones y, al mirar dentro, uno ve una mesa, con imágenes o cuadros de los difuntos, y sillas para que los dolientes se sienten cuando vienen a lamentarse. Eso es tan a la francesa.