«No le hará daño; así que recuerda que te lo dejo a tu cargo, para que lo atormentes, lo mimes y lo tengas a raya».
—Haré todo lo posible, por ti —prometió Beth, preguntándose por qué Jo la miraba de un modo tan extrañado.
Cuando Laurie dijo «Adiós», susurró con segundas: «De nada servirá, Jo. Te tengo echado el ojo; así que ten cuidado con lo que haces, o iré a traerte de vuelta a casa».