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nydus/The Last ManPublic
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V. Amor a primera vista

su mortaja mortal. Tal pareció durante tres días y tres noches el desenlace que el destino había decretado para mis desvelos, y yo me volví demacrado y parecido a un espectro a causa de la ansiedad y la vigilia. Por fin abrió los ojos débilmente, aunque con una mirada de vida que retornaba; se puso pálido y débil; pero la rigidez de sus facciones se suavizó con la convalecencia que se acercaba. Me reconoció. > ¡Qué copa rebosante de dolorosa alegría fue cuando su rostro brilló por primera vez con la mirada de reconocimiento, cuando estrechó mi mano, ahora más febril que la suya, y cuando pronunció mi nombre! No quedó rastro de su pasada demencia que empañara

Esa misma tarde llegaron su madre y su hermana. La condesa de Windsor era por naturaleza muy enérgica; pero muy pocas veces en su vida había permitido que las emociones concentradas de su corazón se reflejaran en sus facciones. La estudiada inmovilidad de su semblante; sus maneras lentas y pausadas, y su voz suave pero desprovista de melodía constituían una máscara que ocultaba sus pasiones ardientes y la impaciencia de su carácter. No se parecía en absoluto a ninguno de sus hijos; sus ojos negros y brillantes, encendidos por el orgullo, diferían por completo del brillo azulado y la expresión franca y benigna de Adrian y de Idris. Había algo grandioso y majestuoso en sus movimientos, pero nada persuasiva, nada amable. Alta, delgada y recta, con el rostro aún hermoso, el cabello negro apenas teñido de canas, y la frente arqueada y bella —de no ser por sus cejas algo

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