Su trato continuó. Poco a poco Evadne relató a su amigo toda su historia, la mancha que su nombre había recibido en Grecia, el peso del pecado que se había acumulado sobre ella a causa de la muerte de su esposo.
Cuando Raymond se ofreció a limpiar su reputación y a demostrar al mundo su verdadero patriotismo, ella declaró que solo a través de sus sufrimientos actuales esperaba algún alivio para los aguijones de su conciencia; que, en su estado mental, por enfermo que él pudiera considerarlo, la necesidad de ocupación era una medicina saludable; terminó por arrancarle la promesa de que durante el espacio de un mes se abstendría de discutir sus intereses, comprometiéndose después de ese tiempo a ceder en parte a los deseos de él.
No podía ocultarse a sí misma que cualquier cambio la separaría de él; ahora lo veía todos los días. Su vínculo con Adrian y Perdita nunca se mencionaba; para ella él era un meteoro, una estrella sin compañía, que a