ay!, una de ellas iba a vencer. La ira no formaba parte de su emoción. ¿Con quién iba a enojarse? * No con Raymond, que ignoraba la desdicha que causaba; * no con Evadne, por ella su alma derramaba lágrimas de sangre; pobre muchacha equivocada, esclava y no tirana era ella, y en medio de su propia angustia se compadecía de su destino futuro. Una vez, un escrito suyo cayó en manos de Perdita; estaba manchado de lágrimas; bien podría cualquiera mancharlo con
“La vida”—comenzaba así—«no es lo que los escritores románticos describen; pasar por las figuras de un baile y, tras varias evoluciones, llegar a un final en el que los bailarines pueden sentarse y reposar. Mientras hay vida, hay acción y cambio. Seguimos adelante, cada pensamiento vinculado al que fue su progenitor, cada acto a un acto previo. Ninguna alegría o tristeza muere estéril de descendencia, la cual, engendrada y engendrando para siempre, teje la cadena que forma nuestra vida: