CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The Last ManPublic
Página 518 de 658
Table of Contents

IV. La Partida

hacerse cargo de los niños huérfanos a quienes la muerte de Idris había privado de los cuidados de una madre. Lucy nunca se resistía a la llamada del deber, de modo que cedió y, cerrando con cuidado los ventanales y las puertas, me acompañó de regreso a Windsor. Mientras íbamos, me comunicó el motivo de la muerte de su madre. Ya fuera por algún contrasentido, había visto la carta de Lucy a Idris, o había oído su conversación con el paisano que la llevaba; fuera como fuese, llegó a enterarse de la espantosa situación en la que se encontraban ella y su hija; su anciano cuerpo no pudo soportar la angustia y el horror que este descubrimiento le infundió; ocultó su conocimiento a Lucy, pero le dio vueltas en noches de insomnio hasta que la fiebre y el delirio, veloces precursores de la muerte, revelaron el secreto. Su vida, que llevaba tiempo pendiendo de un hilo, sucumbió de golpe a los efectos combinados de la miseria y la enfermedad, y esa misma mañana había muerto.

Tras las tumultuosas emociones del día, me alegró encontrar a mi llegada a la posada que mis compañeros se habían retirado a descansar. Dejé a Lucy al cuidado de la asistenta de la condesa, y luego busqué el reposo de mis diversas luchas y mis impacientes pesares.

Durante unos momentos, los acontecimientos del día desfilaron en un cortejo funesto por mi cerebro, hasta que el sueño lo bañó en el olvido; cuando amaneció y desperté, me pareció que mi letargo había durado años.

Mis compañeros no habían compartido mi olvido. Los ojos hinchados de Clara delataban que se había pasado la noche llorando. La condesa lucía demacrada y pálida. Su espíritu firme no había hallado alivio en las lágrimas, y sufría tanto más por todo el doloroso pasado y el angustioso remordimiento que ahora la abrumaban.

518