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nydus/The Last ManPublic
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VI

Todavía siento su grácil forma presionada contra mi corazón rebosante; todavía la vista, el pulso y el aliento se enferman y desfallecen ante el recuerdo de aquel primer beso. Lenta y silenciosamente fuimos al encuentro de Adrian, a quien oímos acercarse.

Le rogué a Adrián que volviera conmigo después de haber acompañado a su hermana a casa. Y esa misma noche, paseando entre los senderos del bosque bañados por la luz de la luna, le abrí todo mi corazón a mi amigo, volcando en él mi éxtasis y mi esperanza.

Por un momento pareció turbado.—«Pude haberlo previsto —dijo—; ¡qué conflictos se avecinan ahora! Discúlpame, Lionel, y no te extrañe que la perspectiva de una lucha con mi madre me perturbe, cuando por lo demás confesaría con deleite que mis mejores esperanzas se han cumplido al confiar a mi hermana bajo tu protección.

Si no lo sabes ya, pronto aprenderás el profundo odio que mi madre le profesa al apellido Verney. Hablaré con Idris; luego, todo lo que un amigo pueda hacer, lo haré; a ella le corresponderá desempeñar el papel de amante, si es capaz de ello».

Mientras el hermano y la hermana aún dudaban sobre cuál sería la mejor manera de intentar atraer a su madre a su bando, ella, sospechando de nuestras reuniones, recriminó a sus hijos por ellas; acusó a su bella hija de engaño y de un apego indecoroso hacia alguien cuyo único mérito era ser hijo del favorito depravado de su imprudente padre; y que sin duda era tan despreciable como aquel de quien presumía descender.

Los ojos de Idris centellearon ante esta acusación; ella respondió: «No niego que amo a Verney; demuéstrame que es despreciable, y no volveré a verlo jamás».

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