Regresé a Windsor por deseo de Idris, quien parecía pensar que había mayor seguridad para sus hijos en aquel lugar; y porque, habiendo asumido una vez la tutela del distrito, no lo abandonaría mientras quedara un habitante con vida. Fui también para actuar conforme a los planes de Adrian, que consistían en congregar en masas a lo que quedaba de la población; pues él poseía la convicción de que solo a través de las virtudes benévolas y sociales se podía esperar alguna seguridad para el remanente de la humanidad.
Era una cosa melancólica regresar a este lugar tan querido por nosotros, escenario de una felicidad pocas veces antes disfrutada, para presenciar aquí la extinción de nuestra especie y rastrear las profundas e inborrables huellas de la enfermedad sobre el suelo fértil y entrañable. El aspecto del país había cambiado tanto que había sido imposible emprender la tarea de sembrar y otras labores otoñales. Esa estación ya había pasado; y el invierno se había adelantado con una severidad repentina e inusual. * Las heladas y los deshielos alternados, sucedidos a las inundaciones, volvieron el país intransitable. * Las fuertes nevadas otorgaron un aspecto ártico al paisaje; los tejados de las casas asomaban de la masa blanca; la humilde choza y la majestuosa mansión, igualmente desiertas, se encontraban bloqueadas, con sus umbrales sin despejar; las ventanas estaban rotas por el granizo, mientras que el predominio de un viento del nordeste volvía sumamente dolorosas las actividades al aire libre. El estado alterado de la sociedad convertía estos accidentes de la naturaleza en fuentes de verdadera miseria. El lujo del mando y las atenciones de la servidumbre se