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nydus/The Last ManPublic
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VIII

símbolo de la desolación. Clara, vencida por el cansancio, se había sentado al pie de la cama de su primo, y a pesar de sus esfuerzos el sopor le pesaba en los párpados; dos o tres veces se lo sacudió de encima; pero al fin fue vencida y se durmió. Idris estaba sentada junto a la cama, sosteniendo la mano de Evelyn; nos daba miedo hablarnos el uno al otro; yo miraba las estrellas⁠—me inclinaba sobre mi hijo⁠—le sentía el pulso pequeño⁠—me acercaba a la madre⁠—volvía a retroceder. Al doblar la madrugada, un tierno suspiro de la enferma me atrajo, la mancha ardiente en su mejilla se desvanecía⁠—su pulso latía suave y regularmente⁠—el estupor cedía ante el sueño. Durante mucho tiempo no me atreví a esperar; pero cuando su respiración despejada y el sudor que cubría su frente fueron indicios ya inconfundibles de la marcha del mal mortal, me aventuré a susurrarle la noticia del cambio a Idris, y al fin logré persuadirla de que decía la verdad.

Pero ni esta seguridad, ni la rápida convalecencia de nuestro hijo pudieron devolverla, ni siquiera a la porción de paz que disfrutaba antes. Su temor había sido demasiado profundo, demasiado absorbente, demasiado total como para convertirse en tranquilidad. Sentía como si durante su calma pasada hubiera estado soñando,

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