en armonía con nuestra desolación. Muchos dolores le han acontecido al hombre durante su abigarrado transcurso; y muchos dolientes abatidos por la pena se han hallado a sí mismos como únicos supervivientes entre muchos. Nuestra miseria adoptó su forma y colorido majestuosos a partir de la vasta ruina que la acompañaba y se hacía una con ella. Así, en la hermosa tierra, son muchos los oscuros desfiladeros que contienen un arroyo bullicioso, ensombrecido por rocas románticas, surcado por senderos musgosos—; pero a todos ellos, salvo a este, les faltaba el poderoso fondo, los altísimos Alpes, cuyas capas nevadas o crestas desnudas nos elevaban de nuestra aburrida morada mortal a los palacios de la propia Naturaleza.
Esta solemne armonía de acontecimiento y situación regulaba nuestros sentimientos, y otorgaba, por decirlo así, el atuendo adecuado a nuestro último acto. Una majestad sombría y una pompa trágica acompañaron la defunción de la desdichada humanidad. El cortejo fúnebre de los monarcas de antaño se vio superado por nuestros espléndidos espectáculos. Cerca de las fuentes del Arveyron celebramos los ritos del que era, a excepción de cuatro, el último de la especie. Adrian y yo, dejando a Clara y a Evelyn envueltas en un apacible e insensible sopor, llevamos el cuerpo a este paraje desolado y lo colocamos en aquellas cuevas de hielo bajo el glaciar, que se agrietan y se parten con el más leve sonido y traen la destrucción sobre quienes se hallan en las grietas; ningún pájaro ni bestia de presa podría profanar aquí la forma congelada. Así pues, con pasos quedos y en silencio, depositamos al muerto sobre unas parihuelas de hielo y, luego, al marchar nuestro camino, nos detuvimos en la plataforma rocosa junto a los manantiales del río. Por mucho que hubiéramos guardado silencio, el mero roce del aire con nuestros cuerpos había bastado para perturbar el reposo de esta región inmune al deshielo; y apenas habíamos salido de la caverna, cuando vastos bloques de hielo, desprendiéndose del techo, cayeron y sepultaron la imagen humana que habíamos depositado en su interior. Habíamos elegido una hermosa noche de luna llena, pero nuestro viaje hasta allí