Pisando la tierra dura de continuo el hombre està y cada passo que dà es sobre su sepultura.
Sin embargo, a pesar de estas desventajas, el invierno era un tiempo de respiro; y nos esforzamos por aprovecharlo al máximo. Puede que la peste no resurgiera con el verano; pero, si lo hacía, nos encontraría preparados. Es parte de la naturaleza humana adaptarse por medio de la costumbre incluso al dolor y la tristeza. La pestilencia se había vuelto parte de nuestro futuro, de nuestra existencia; había que protegerse de ella, como de la crecida de los ríos, la invasión del mar o las inclemencias del cielo. Tras un largo sufrimiento y una amarga experiencia, tal vez se descubriría alguna panacea; tal como estaban las cosas, todo el que contraía la infección moría, aunque no todos se infectaban; y nos correspondía a nosotros afianzar los cimientos y levantar bien alta la barrera entre el contagio y los sanos; introducir un orden