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nydus/The Last ManPublic
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VIII

Arrebatando sus placeres con rudo combate a través de las puertas de hierro de la vida, desafiaban a la pestilencia conquistadora a destruir lo que había sido, o a borrar aun de sus pensamientos en el lecho de muerte el sentimiento de felicidad que les había pertenecido.

Un caso de esta índole llegó de inmediato a nuestro conocimiento, en el que una joven de alta cuna había entregado en su temprana juventud su corazón a alguien de origen más humilde.

Era compañero de estudios y amigo de su hermano, y solía pasar una parte de las vacaciones en la mansión del duque, su padre. Habían jugado juntos de niños, sido los confidentes de sus pequeños secretos, ayudas mutuas y consoladores en la dificultad y la pena.

El amor se había descolado, silencioso, exento de temor al principio, hasta que ambos sintieron su vida unida a la del otro y, al mismo tiempo, supieron que debían separarse. Su extrema juventud y la pureza de su afecto les hicieron ceder con menor resistencia a la tiranía de las circunstancias.

El padre de la bella Julieta los separó; pero no sin antes que el joven amante hubiera prometido ausentarse únicamente hasta haberse hecho digno de ella, y que ella hubiera jurado conservar su corazón virginal, el tesoro de él, hasta que regresara a reclamarlo y poseerlo.

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