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nydus/The Last ManPublic
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VI

esfuerzo sería demasiado grande, ningún plan demasiado descabellado, si les prometía la vida. ¡Oh, fibras de mi corazón! ¡Pudisteis acaso desgarraros sin que mi alma se desatara en lágrimas de sangre por el dolor!

Idris, tras la primera conmoción, recuperó una parte de su fortaleza. Apartó con empeño cualquier perspectiva del futuro y acunó su corazón en las bendiciones del presente. Ni por un momento perdió de vista a sus hijos. Pero mientras ellos, sanos, correteaban a su alrededor, ella logró abrigar conformidad y esperanza. Una extraña y salvaje inquietud se apoderó de mí, tanto más intolerable por cuanto me veía obligado a ocultarla. Mis temores por Adrián eran incesantes; había llegado agosto, y los síntomas de la peste aumentaban con rapidez en Londres. La ciudad estaba desierta de todos los que tenían la posibilidad de marcharse, y él, el hermano de mi alma, se hallaba expuesto a los peligros de los que huían todos, salvo los esclavos encadenados por las

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