mirada no fue obedecida, y el jefe avanzó, seguido por toda su tropa. Había muchas mujeres entre ellos, las cuales parecían más ávidas y resueltas que sus compañeros varones. Se apretujaban en torno a su líder, como para escudarlo, mientras le otorgaban a voces cada denominación sagrada y epíteto de culto. Adrian salió a su encuentro a mitad de camino; se detuvieron: —¿Qué —dijo— buscáis? ¿Requerís de nosotros algo que nos neguemos a dar, y que os veáis forzados a adquirir mediante las armas y la guerra?
Sus preguntas fueron contestadas por un grito general, en el que únicamente se alcanzaban a distinguir las palabras elección, pecado y el brazo derecho y rojo de Dios.
Adrian looked expressly at their leader, saying, “Can you not silence your followers? Mine, you perceive, obey me.”
El sujeto respondió con un