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nydus/The Last ManPublic
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VII

Desde el momento en que adoptó esta idea, cambió. Su depresión y su ansiedad huyeron; se convirtió en pura vida y actividad. La sonrisa del triunfo brillaba en su rostro; decidido a llevar su propósito hasta las últimas consecuencias, sus modales y su expresión parecían presagiar el cumplimiento de sus deseos.

No ocurría lo mismo con Perdita. Su alegría la asustaba, pues temía una reacción más violenta al final. Si su aspecto incluso nos inspiraba esperanza, esto no hacía más que volver su estado mental aún más doloroso. Temía perderlo de vista; pero le atemorizaba notar cualquier cambio en su disposición anímica. Lo escuchaba con avidez, pero se atormentaba a sí misma al dar a sus palabras un significado ajeno a su verdadera interpretación y adverso a sus esperanzas.

No se atrevía a estar presente en la contienda; sin embargo, se quedaba en casa a merced de una doble zozobra. Lloraba sobre su hijita; miraba, hablaba como si temiera la ocurrencia de alguna espantosa calamidad. Estaba medio loca por los efectos de una agitación incontrolable.

Lord Raymond se presentó ante la cámara con una confianza intrépida y un trato persuasivo. Tras concluir los discursos del duque de ⸻ y del señor Ryland, tomó la palabra. Desde luego, no se había aprendido la lección de memoria; y al principio titubeó, deteniéndose en sus ideas y en la elección de sus expresiones. Gradualmente se fue animando; sus palabras fluyeron con soltura, su lenguaje estuvo lleno de vigor y su voz, de persuasión. Hizo referencia a su vida pasada, a sus éxitos en Grecia, a su favor en la patria. ¿Por qué iba a perder este, ahora que los años sumados, la prudencia y la garantía que su matrimonio ofrecía a su país debían aumentar, en lugar de disminuir, sus méritos para la confianza? Habló sobre el estado de Inglaterra; de las medidas necesarias que debían tomarse para garantizar su seguridad y confirmar su prosperidad. Pintó

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