salud? ¿Acaso no contaba más para su Creador que un campo de trigo marchitado en la espiga? ¿Debían desvanecerse así nuestros orgullosos sueños? Nuestro nombre fue inscrito como «un poco inferior a los ángeles»; y, he aquí, no éramos mejores que las efímeras. Nos habíamos llamado «el prodigio de los animales», y, ¡he aquí!, éramos una «quintaesencia de polvo». ¡Nos lamentábamos de que las pirámides hubieran sobrevivido al cuerpo embalsamado de su constructor! Ay, la simple choza de paja de un pastor que cruzamos en el camino contenía en su estructura el principio de una mayor longevidad que toda la raza humana. ¿Cómo conciliar este triste cambio con nuestras aspiraciones pasadas, con nuestras aparentes facultades!
De pronto, una voz interior, articulada y clara, pareció decir:—Así, desde la eternidad, fue decretado: los corceles que arrastran al Tiempo llevaban encadenada a esta hora y a este cumplimiento, desde que el vacío dio a luz su carga. ¿Quieres acaso leer al revés las inmutables leyes de la Necesidad?