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nydus/The Last ManPublic
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VIII

Entre otras obras de arte en las que estaba ocupado, había proyectado la construcción de una galería nacional de estatuas y pinturas.

Él mismo poseía muchas, que se proponía regalar a la República; y, como el edificio había de ser el gran ornamento de su Protectorado, era muy exigente en la elección del plano sobre el que se construiría. Cientos de ellos le fueron presentados y rechazados.

Llegó a enviar incluso a Italia y Grecia en busca de diseños; pero, como el proyecto debía caracterizarse tanto por la originalidad como por la belleza perfecta, sus esfuerzos resultaron inútiles durante un tiempo.

Por fin llegó un dibujo, con una dirección a la que se podían enviar comunicaciones y sin el nombre de ningún artista adjunto. El diseño era nuevo y elegante, pero defectuoso; tan defectuoso que, aunque trazado con la mano y el ojo del buen gusto, era evidentemente obra de alguien que no era arquitecto.

Raymond lo contempló con deleite; cuanto más lo miraba, más le complacía; y, sin embargo, los errores se multiplicaban bajo la inspección. Escribió a la dirección facilitada, deseando ver al dibujante, para que se pudieran hacer las modificaciones que se sugirieran en una consulta entre él y el creador original.

Llegó un griego. Un hombre de mediana edad, con cierto aire inteligente, pero de fisonomía tan corriente que Raymond apenas podía creer que él fuese el autor del diseño. Reconocía que no era arquitecto; pero la idea del edificio se le había ocurrido, aunque lo había enviado sin la menor esperanza de que fuera aceptada. Era un hombre de pocas palabras.

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