y nodrizas de su ambición. Pero otros ingredientes se mezclaban con estos y le impedían convertirse en el personaje calculador y determinado que por sí solo conforma a un héroe exitoso. Era obstinado, mas no firme; benevolente en sus primeros impulsos; duro e imprudente al ser provocado. Por encima de todo, era despiadado e inflexible en la persecución de cualquier objeto de deseo, por ilegal que fuera.
El amor al placer y las más tiernas sensibilidades de nuestra naturaleza conformaban una parte destacada de su carácter, conquistando al conquistador; deteniéndolo en el momento de la posesión; barriendo la red de la ambición; haciéndole olvidar la fatiga de semanas en aras de un instante de complacencia con el objeto nuevo y real de sus deseos.
Obedeciendo a estos impulsos, se había convertido en esposo de Perdita; aguijoneado por ellos, se hallaba siendo amante de Evadne. Ahora las había perdido a ambas.