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nydus/The Last ManPublic
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VIII

mientras él tenía fuerzas para tragar, le administraba su bebida. Por fin llegó el momento de su muerte: la sangre detuvo su curso⁠—sus ojos se abrieron y luego volvieron a cerrarse⁠—: sin convulsión ni suspiro, la frágil morada quedó vacía de su habitante espiritual.

He oído que la visión de los muertos ha reafirmado a los materialistas en su creencia. Yo siempre sentí lo contrario. ¿Era ese mi hijo?, ¿esa inanimación inmóvil y en descomposición?

Mi hijo se extasiaba con mis caricias; su querida voz revestía de articulaciones dotadas de sentido sus pensamientos, inaccesibles de otro modo; su sonrisa era un rayo del alma, y la misma alma se sentía entronizada en sus ojos.

Me aparto de esta burla de lo que fue.

¡Toma, oh tierra, tu deuda! Libre y para siempre te confío el ropaje que me prestaste.

Pero tú, dulce niño, amable y querido muchacho, o bien tu espíritu ha buscado una morada más digna, o bien, consagrado en mi corazón, vives mientras este lata.

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