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nydus/The Last ManPublic
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III

ella y se ha unido a los de alma poderosa que le precedieron. Cuando el mundo estaba en su infancia, la muerte debió de ser terrible, y el hombre abandonaba a sus amigos y parientes para morar, extranjero solitario, en un país desconocido. Pero ahora, quien muere halla a muchos compañeros que le han precedido para preparar su recibimiento. Los grandes de pasadas eras la pueblan, el excelso héroe de nuestros propios días es contado entre sus habitantes, mientras la vida se convierte doblemente en "el desierto y la soledad"».

“¡Qué noble criatura era Raymond, el primero entre los hombres de nuestro tiempo! Por la grandeza de sus concepciones, la elegante audacia de sus acciones, por su ingenio y belleza, conquistó y dominó las mentes de todos.

De una sola falta se le podría haber acusado; pero su muerte la ha cancelado. Le he oído tachar de inconstante en sus propósitos —cuando abandonó, por amor, la esperanza de la soberanía, y cuando abdicó del protectorado de Inglaterra, los hombres censuraron su debilidad de carácter.

Ahora su muerte ha coronado su vida, y hasta el fin de los tiempos se recordará que se entregó, víctima voluntaria, a la gloria de Grecia. Tal fue su elección: esperaba morir. Previó que dejaría esta alegre tierra, el cielo luminoso y tu amor, Perdita; sin embargo, no dudó ni retrocedió, marchando directo hacia su meta de gloria.

Mientras la tierra dure, sus acciones serán recordadas con alabanza. Las doncellas griegas esparcirán devotas flores sobre su tumba y harán que el aire a su alrededor resuene con himnos patrióticos, en los cuales su nombre hallará un alto registro”.

Vi cómo los rasgos de Perdita se suavizaban; la severidad del dolor cedió ante la ternura; continué:—«Honrarlo así es el sagrado deber de los que le sobrevivimos. Convertir su nombre en un recinto sagrado,

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