¿Detener la marea de males, aliviando la injuria Con el suave trato de una elocuencia balsámica?
Uno de los tipos, enfurecido por mi intervención, me dio un bayonetazo en el costado, y caí sin sentido.
“Esta herida probablemente acortará mi vida, tras haber destrozado un cuerpo de por sí endeble. Pero estoy conforme con morir.
He aprendido en Grecia que un hombre, más o menos, tiene poca importancia mientras queden cuerpos humanos para llenar las filas mermadas de la soldadesca; y que la identidad de un individuo puede pasarse por alto, con tal de que la lista de revista contenga sus efectivos completos.
Todo esto tiene un efecto diferente en Raymond. Él es capaz de contemplar el ideal de la guerra, mientras que yo solo percibo sus realidades. Es un soldado, un general. Puede influir en los perros de presa sedientos de sangre, mientras que yo resisto vanamente sus inclinaciones. La causa es simple. Burke ha dicho que, «en todos los cuerpos, aquellos que han de mandar deben también, en un grado considerable, obedecer». Yo no puedo obedecer; pues no simpatizo con sus sueños de masacre y gloria; obedecer y mandar en una carrera semejante es la tendencia natural de la mente de Raymond.
Él siempre triunfa, y promete al mismo tiempo, mientras adquiere gran nombre y posición para sí mismo, asegurar la libertad, y probablemente un imperio extendido, para los griegos”.
El espíritu de Perdita no se vio conmovido por este relato. Él, pensaba, puede ser grande y feliz sin mí. ¡Ojalá yo también tuviera una carrera!