Gran parte de esta historia se la ocultó a Raymond; ni tampoco le confesó que el rechazo y la negativa —como a un criminal condenado por el peor de los delitos, el de traer la guadaña del despotismo extranjero para segar las libertades que brotaban de nuevo en su país— habrían seguido a cualquier solicitud suya dirigida a los griegos.
Ella sabía que era la causa de la total ruina de su esposo; y se armó de valor para soportar las consecuencias. Los reproches que la agonía arrancaba; o lo que era peor, una depresión incurable y sin quejas, cuando su mente se hundía en un sopor, no menos doloroso por ser silencioso e inmóvil. Se reprochaba a sí misma el crimen de su muerte; la culpa y sus castigos parecían rodearla; en vano se esforzaba por calmar el remordimiento con el recuerdo de su honradez verdadera; el resto del mundo, y ella entre ellos, juzgaba sus acciones