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nydus/The Last ManPublic
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blanco plateado, en medio del atardecer anaranjado y acompañada por una brillante estrella, prolongando así el crepúsculo. Una manada de ganado pasó por el valle inferior, sin pastor, hacia su abrevadero; la hierba era agitada por una suave brisa, y los olivares, suavizados en masas tenues por la luz de la luna, contrastaban su verde mar con el oscuro follaje de los castaños. Sí, esta es la tierra; no hay cambio, ni ruina, ni brecha abierta en su verde manto; ella sigue girando y girando, con la alternancia de la noche y el día, a través del cielo, aunque el hombre no sea su adorador o habitante. ¿Por qué no podía olvidarme a mí mismo como uno de esos animales y no sufrir más el salvaje tumulto de miseria que padezco? Mas, ¡ay!, ¡qué brecha mortal se abre entre su estado y el mío! ¿Acaso no tienen compañeros? ¿Acaso no tienen cada uno su pareja, sus crías queridas, su hogar, que, aunque inexpresado para nosotros, está, no me cabe duda, querido y enriquecido, aun ante sus propios ojos, por la compañía que la naturaleza benévola ha creado para ellos? Soy yo solo el que está aislado; yo, en esta pequeña colina, contemplando la llanura y el recóndito monte —el cielo y su poblada estrella—, escuchando cada sonido de la tierra, del aire y de la ola murmurante; solo yo no puedo expresar a ningún compañero mis múltiples pensamientos, ni apoyar mi cabeza palpitante sobre ningún pecho amado, ni beber de unos ojos que se encuentran un roío embriagador que trasciende el néctar fabuloso de los dioses. ¿No habré de quejarme entonces? ¿No habré de maldecir la máquina homicida que ha segado a los hijos de los hombres, a mis hermanos? ¿No habré de proferir una maldición contra cualquier otro retoño de la naturaleza que se atreva a vivir y disfrutar, mientras yo vivo y sufro?

¡Ah, no! Disciplinaré a mi afligido corazón para que comparta vuestras alegrías; seré feliz, porque vosotros lo sois. Vivid, oh inocentes, los mimados elegidos de la naturaleza; no soy muy distinto de vosotros. Nervios, pulso, cerebro, coyunturas y carne, de todo esto estoy compuesto, y vosotros estáis organizados por las mismas leyes. Poseo algo más allá de esto, pero lo llamaré un defecto, no un don, si me conduce a la miseria mientras vosotros sois felices. Justo entonces, emergieron de un

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