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nydus/The Last ManPublic
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VIII

Mientras Evadne recuperaba la compostura, los modales de él se volvieron aún más alegres; bromeaba con la idea de la pobreza de ella.

Algo le decía que no eran los males reales de esta lo que pesaba hondamente en el corazón de ella, sino la abyección y la deshonra inherentes a ella; mientras hablaba, él la despojó de estas; a veces hablando de la fortaleza de ella con enérgico elogio; luego, aludiendo a su estado pasado, la llamó su Princesa disfrazada.

Le hizo cálidos ofrecimientos de ayuda; ella estaba demasiado ocupada con pensamientos más absorbentes como para aceptarlos o rechazarlos; al fin la dejó, prometiendo repetir su visita al día siguiente.

Volvió a casa lleno de sentimientos encontrados: el dolor provocado por la miseria de Evadne y la alegría ante la perspectiva de aliviarla. Cierto motivo que no se explicó, ni siquiera a sí mismo, le impidió relatar su aventura a Perdita.

Al día siguiente se arropó con cuanto disfraz pudo proporcionarle una capa y volvió a ver a Evadne.

De camino, compró una cesta de frutos costosos, de los que eran nativos de su propia tierra, y, tras esparcir sobre ellos varias flores hermosas, la llevó él mismo hasta la miserable buhardilla de su amiga.

—He aquí —exclamó al entrar—, qué comida de pájaro le he traído a mi gorrión en el tejado.

Evadne now related the tale of her misfortunes. Her father, though of high rank, had in the end dissipated his fortune, and even destroyed his reputation and influence through a course of dissolute indulgence.

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