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nydus/The Last ManPublic
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IV. La Partida

cargada de sonidos y, con su inaccutumbrado estruendo, infundían una sensación de inseguridad y peligro a nuestra sólida morada. Al principio apenas nos permitimos pensar que alguna erupción inusual de la naturaleza causaba esta tremenda guerra de aire y agua, sino que más bien imaginamos que simplemente escuchábamos lo que habíamos oído mil veces antes, cuando habíamos visto a los rebaños de olas con coronas de lana, impulsadas por los vientos, venir a lamentarse y morir sobre las arenas estériles y las rocas puntiagudas. Pero al avanzar más, descubrimos que Dover estaba inundada; muchas de las casas habían sido derribadas por las olas que llenaban las calles y que, con hideous risas y disputas / con horrible algarabía / con horribles estrépitos, a veces se retiraban dejando al descubierto el pavimento de la ciudad, hasta que, nuevamente impelidas por la marea, regresaban con sonido de trueno a su puesto usurpado.

Apenas menos perturbada que el tempestuoso mundo de las aguas estaba la asamblea de seres humanos que, desde el acantilado, observaba con temor sus furias. En la mañana de la llegada de los emigrantes bajo la dirección de Adrian, el mar había estado sereno y cristalino, las ligeras ondas refractaban los rayos del sol, que proyectaban su resplandor a través del aire claro, azul y gélido. Esta plácida apariencia de la naturaleza fue saludada como un buen augurio para el viaje, y el líder se dirigió inmediatamente al puerto para examinar dos barcos de vapor que estaban amarrados allí. A la medianoche siguiente, cuando todos descansaban, una espeluznante tormenta de viento, lluvia ruidosa y granizo los sobresaltó por primera vez, y la voz de alguien que gritaba en las calles que los durmientes debían despertar o se ahogarían; y cuando salieron corriendo, medio vestidos, para descubrir el significado de esta alarma, descubrieron que la marea,

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