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nydus/The Last ManPublic
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I. El último hombre

a la profunda filosofía, pues la imaginación del hombre es fría, y su mente inquisitiva ya no puede explayarse sobre las maravillas de la vida, porque «¡no hay obra, ni traza, ni ciencia, ni sabiduría en el sepulcro al cual vas!»;⁠—a la graciosa arquitectura, que en su perfecta proporción trascendía las rudas formas de la naturaleza, al calado gótico y al macizo conjunto sarraceno, al estruendoso arco y a la gloriosa cúpula, a la columna estriada con su capitel, corintio, jónico o dórico, al peristilo y al bello entablamento, ¡cuya armonía de forma es a la vista como la concordia musical al oído!⁠—¡adiós a la escultura, donde el mármol puro se burla de la carne humana, y en la plástica expresión de las excelencias entresacadas de la forma humana, resplandece el dios!⁠—adiós a la pintura, al sentimiento laborioso y al profundo conocimiento de la mente del artista en el lienzo retratado⁠—a las escenas paradisíacas, donde los árboles son siempre primaverales, y el aire ambrosíaco descansa en perpetuo fulgor:⁠—a la forma estamponada de la tempestad, y al más salvaje alboroto de la naturaleza universal encajonado en el estrecho marco, ¡oh, adiós! ¡Adiós a la música y al son del canto; a las nupcias de los instrumentos, donde la concordia de lo suave y lo áspero se une en dulce armonía, y da alas a los oyentes jadeantes, para trepar por ellas al cielo y aprender los placeres ocultos de los eternos!⁠—¡Adiós al muy transitado escenario; una tragedia más verdadera se representa en el amplio escenario del mundo, que avergüenza al dolor mimético: a la alta comedia, y al bajo bufón, adiós!⁠—El hombre ya no puede reír más. ¡Ay! Enumerar los adornos de la humanidad muestra, por lo que hemos perdido, cuán sumamente grande fue el hombre. Todo ha terminado ya. Él está solo; como nuestros primeros padres expulsados del Paraíso, mira hacia atrás, hacia la escena que ha abandonado. Los altos muros de la tumba, y la espada llameante de la peste, yacen entre ella y él. Semejante a nuestros primeros padres, toda la tierra está ante él, un ancho desierto. Sin apoyo y débil, que deambule por campos donde el trigo no cosechado se yergue en estéril abundancia, por bosquecillos plantados por sus padres, por pueblos construidos para su uso. La posteridad ya no

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