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nydus/The Last ManPublic
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VII

y voy a ver en qué estado se encuentra el pobre hombre.

Un murmullo de sorpresa y horror recorrió la asamblea. Continué:⁠—«Este pobre desgraciado está abandonado, muriéndose, sin socorro; en estos tiempos infelices, Dios sabe cuán pronto cualquiera de nosotros, o todos nosotros, podamos encontrarnos en igual necesidad. Voy a hacer según me gustaría que hiciesen conmigo».

“Pero nunca podrás volver al Castillo⁠—lady Idris⁠—sus hijos⁠—” fueron las palabras que, en un discurso confuso, llegaron a mis oídos.

«¿No sabéis, amigos míos —dije—, que el propio conde, ahora lord protector, visita a diario, no solo a los probablemente infectados por esta enfermedad, sino también los hospitales y lazaretos, acercándose e incluso tocando a los enfermos? Y sin embargo, jamás ha gozado de mejor salud. Os equivocaćis por completo en cuanto a la naturaleza de la peste; pero no temáis, no os pido a ninguno que me acompañéis, ni que me creáis, hasta que regrese sano y salvo de junto a mi paciente».

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