Durante un tiempo el hambre y el sueño lucharon, hasta que las constelaciones giraron ante mis ojos y luego se desvanecieron. Me esforcé por levantarme, pero mis pesados párpados se cerraron, mis miembros, sobremanera fatigados, reclamaban reposo; apoyué la cabeza en la piedra, me entregué a la placentera sensación del olvido total; y en aquel escenario de desolación, en aquella noche de desesperación, dormí.
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II
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