Nuestras propias aflicciones, aunque fueron ocasionadas por la ficticia reciprocidad del comercio, aumentaron en la debida proporción.
- Banqueros, comerciantes y fabricantes, cuyo comercio dependía de las exportaciones y el intercambio de riqueza, quebraron.
- Tales cosas, cuando ocurren de forma aislada, afectan solo a las partes directamente implicadas; pero la prosperidad de la nación se vio sacudida ahora por frecuentes y cuantiosas pérdidas.
- Familias criadas en la opulencia y el lujo se vieron reducidas a la mendicidad.
El mismísimo estado de paz del que nos gloriábamos era perjudicial; no había medios para emplear a los ociosos, ni para enviar fuera del país a ningún excedente de población. Incluso la fuente de las colonias se había secado, pues en Nueva Holanda, la Tierra de Van Diemen y el Cabo de Buena Esperanza hacía estragos la peste.
¡Oh, si hubiera algún frasco medicinal para purgar la naturaleza malsana y devolver a la tierra su salud acostumbrada!
Ryland era un hombre de gran intelecto y de decisiones rápidas y sensatas en el curso habitual de las cosas, pero se quedó atónito ante la multitud de males que se acumulaban a nuestro alrededor. ¿Debía gravar los intereses de los terratenientes para ayudar a nuestra población comercial? Para hacer esto, debía ganarse el favor de los principales propietarios de tierras, la nobleza del país, y estos eran sus enemigos declarados; tenía que conciliarlos abandonando su proyecto favorito de igualación; tenía que confirmarles sus derechos señoriales; tenía que vender sus preciados planes para el bien permanente de su país a cambio de un alivio temporal. No debía aspirar más al querido objeto de su ambición; deponiendo las armas, tenía que renunciar al fin último de sus esfuerzos en aras de