¿Todos mis bellos amores? ¿Dijiste todos? ¡Oh, infame milano! ¿Todos? ¡Cómo! ¿Todos mis bellos polluelos y su madre, de un solo golpe aleve?
Una punzada de indómito dolor retorció todos los corazones, un estallido de desesperación resonó en todos los labios.—Yo había participado del sentimiento universal—me había visto absorbido por los terrores de Rosse—repetí el grito de Macduff, y luego salí precipitadamente como de un infierno de tortura, en busca de la calma en el aire libre y la calle silenciosa.
Libre no estaba el aire, ni silenciosa la calle. Oh, cuánto ansiaba entonces los caritativos consuelos de la materna Naturaleza, mientras mi herido corazón era aún más aguijoneado por el estrépito de la alegre desvergüenza de la taberna, por la visión del borracho que volvía a tropezar a casa, habiendo perdido en el debraye del olvido la memoria de lo que allí encontraría, y por los más espantosos saludos de aquellos seres melancólicos para quienes el nombre de hogar era una burla. Corrí a la máxima velocidad hasta hallarme, no sé cómo, cerca de la abadía de Westminster, y me vi atraído por el tono profundo y vibrante del órgano. Entré con consolador respeto en el presbiterio iluminado y escuché el solemne canto religioso, que hablaba de paz y esperanza a los desdichados. Las notas, cargadas con las plegarias más caras del hombre, resonaban a través de las penumbrosas naves, y el sangrar de las heridas del alma era estancado por un bálsamo celestial. A pesar de la miseria que reprobaba y no alcanzaba a comprender; a pesar de los hogares fríos del vasto Londres y los campos sembrados de cadáveres de mi tierra natal; a pesar de toda la variedad de emociones agonizantes que esa tarde había experimentado, pensé que, en respuesta a nuestras melodiosas súplicas, el Creador miraba hacia abajo con compasión y promesa de alivio; el imponente estruendo de la música alada celestial parecía la voz adecuada para comunicarse con el Supremo; la calma se producía por su sonido y por la vista de muchas otras criaturas humanas que ofrecían oraciones y