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nydus/The Last ManPublic
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Capítulo X

Así de tristes y desordenados eran los pensamientos de mi pobre hermana, cuando tuvo la certeza de la infidelidad de Raymond. Todas sus virtudes y todos sus defectos tendían a hacer el golpe incurable. Su afecto por mí, su hermano, por Adrian y por Idris, estaba supeditado, por decirlo así, a la pasión reinante de su corazón; incluso su ternura maternal tomaba la mitad de su fuerza del deleite que encontraba al descubrir los rasgos y la expresión de Raymond en el rostro de la criatura. Había sido reservada y hasta severa en su infancia; pero el amor había suavizado las asperezas de su carácter, y su unión con Raymond había hecho que sus talentos y afectos se desplegaran; traicionados los unos y perdidos los otros, volvió en cierto modo a su antigua disposición. El orgullo concentrado de su naturaleza, olvidado durante su dichoso sueño, despertó y con su aguijón de víbora le atravesó el corazón; su humildad de espíritu acrecentó el poder del veneno; se había sentido exaltada a sus propios ojos mientras se vio distinguida por su amor: ¿qué valor tenía ella ahora que él la despojaba de esa distinción? Había estado orgullosa de haberlo conquistado y conservado; pero otra se lo había ganado, y su exultación era tan fría como una brasa apagada por el agua.

Nosotros, ya retirados, permanecimos mucho tiempo en la ignorancia de su desgracia. Poco después del festival, ella había mandado a buscar a su hijo, y entonces pareció habernos olvidado. Adrian observó un cambio durante una visita que les hizo después; pero no pudo calibrar su alcance ni adivinar la causa. Aún aparecían en público juntos y vivían bajo el mismo techo. Raymond era tan cortés como de costumbre, aunque había en ocasiones una altivez involuntaria, o una brusquedad dolorosa en sus modales, que alarmaba a

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