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nydus/The Last ManPublic
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IX

En esta ocasión, Adrián e Idris se reunieron tras una separación de casi un año.

Adrián había estado ocupado en cumplir una labor penosa y ardua. Había conocido toda especie de miseria humana y siempre había hallado que sus fuerzas eran insuficientes, y su ayuda, de poca utilidad.

Sin embargo, el propósito de su alma, su energía y su ardiente resolución impidieron cualquier reacción de dolor. Parecía haber nacido de nuevo, y la virtud, más potente que la alquimia de Medea, lo dotó de salud y fuerza.

Idris apenas reconoció al ser frágil, cuya figura había parecido doblegarse incluso ante la brisa veraniega, en aquel hombre enérgico cuyo propio exceso de sensibilidad lo hacía más capaz de cumplir con su puesto de timonel en una Inglaterra azotada por la tempestad.

No fue así con Idris. Ella no se quejaba; pero el alma misma del miedo se había instalado en su corazón. Había adelgazado y enpalesido, sus ojos se llenaban de lágrimas involuntarias, su voz era quebrada y baja. Intentó echar un velo sobre el cambio que sabía que su hermano debía notar en ella, pero el esfuerzo fue inútil; y al quedarse a solas con él, con un estallido de dolor irreprimible dio rienda suelta a sus aprensiones y pesares. Describió con términos vívidos el cuidado incesante que, con hambre siempre renovada, corroía su alma; comparó este tormento de la insomne

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