Dudar una vez es... estar resuelto para siempre.
En la presente ocasión no sospechó ningún distanciamiento de afecto; sino que conjeturó que alguna circunstancia relacionada con su alto cargo había ocasionado este misterio.
Se sintió desconcertada y dolida. Comenzó a contar los largos días, meses y años que habrían de transcurrir antes de que él fuera restituido a una posición privada y devuelto a ella sin reservas.
No se conformaba con que, ni siquiera por un tiempo, él le ocultara cosas. A menudo se lamentaba; pero su fe en la sinceridad del afecto de él seguía intacta; y, cuando estaban juntos, sin verse cohibida por el temor, abría su corazón al más pleno deleite.
El tiempo pasó. Raymond, deteniéndose a mitad de su alocada carrera, se paró de repente a pensar en las consecuencias. Dos resultados se presentaron ante la perspectiva que tenía del futuro: que su trato con Evadne siguiera siendo un secreto para Perdita, o que esta acabara descubriéndolo. La situación desamparada