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nydus/The Last ManPublic
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IX. Perdita

La mujer, que no lo conocía, le preguntó con desdén cómo creía que ella iba a lograr la entrada, sobre todo en una noche de fiesta, a la presencia de dicha señora. Raymond le dio su anillo para asegurar el respeto de los criados. Así, mientras Perdita agasajaba a sus invitados y esperaba con ansiedad la llegada de su señor, le llevaron su anillo; y le dijeron que una pobre mujer tenía una nota que entregarle de parte de quien lo llevaba.

La vanidad de la vieja chismosa se vio halagada por su encargo, el cual, después de todo, no comprendía, ya que ni siquiera ahora sospechaba que el visitante de Evadne fuese lord Raymond. Perdita temía una caída de su caballo o algún accidente similar, hasta que las respuestas de la mujer despertaron otros temores. Por un sentimiento de astucia ciegamente ejercida, la oficiosa, cuando no maligna mensajera, no habló de la enfermedad de Evadne; pero dio cuenta con charlatanería de las frecuentes visitas de Raymond, añadiendo a su relato circunstancias que, al tiempo que convencían a Perdita de su veracidad, exageraban la crueldad y la perfidia de Raymond. Lo peor de todo, su ausencia en el festival, su recado totalmente inexplicado, salvo por las vergonzosas insinuaciones de la mujer, se le antojava el más mortal de los insultos. De nuevo miró el anillo, era un pequeño rubí, casi en forma de corazón, que ella misma le había regalado. Miró la letra, que no podía confundir, y se repitió a sí misma las palabras: «No permitas, te lo ruego, te lo suplico, que tus invitados se extrañen de mi ausencia»; mientras la vieja bruja, continuando con su parloteo, le llenaba los oídos con una extraña mezcla de verdad y falsedad. Al fin, Perdita la despidió.

La pobre muchacha regresó a la reunión, donde su presencia no había sido echada de menos. Se deslizó hacia un rincón algo oscuro y, apoyándose en una columna ornamental allí situada, intentó recomponerse. Sus facultades estaban paralizadas. Contempló unas flores que había cerca en un jarrón tallado: esa mañana las había dispuesto, eran

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