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nydus/The Last ManPublic
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VI

ningún temor, ni siquiera ninguna esperanza me perturbaba; abrazaba con mi alma la plenitud de la satisfacción, colmada, sin deseos, beatificada.

Durante muchos días, Adrian e Idris continuaron visitándome de este modo. En este entrañable trato, el amor, bajo la apariencia de una amistad entusiasta, infundió cada vez más su espíritu omnipotente. Idris lo sintió. Sí, divinidad del mundo, leí tus caracteres en sus miradas y gestos; escuché tu voz melodiosa resonar en ella⁠—nos preparaste un sendero suave y florido, adornado de puros pensamientos⁠—, tu nombre, oh Amor, no fue pronunciado, mas te erigiste en el Genio de la Hora, velado, y el tiempo, mas no mano mortal, alzaría el celaje. Órganos de sonido articulado no proclamaron la unión de nuestros corazones; pues las circunstancias adversas no dieron ocasión a la expresión que aleteaba en nuestros labios. ¡Oh, pluma mía!, apresúrate a escribir lo que fue, antes de que el pensamiento de lo que es detenga la mano que te guía. Si levanto los ojos y contemplo la tierra yerma, y siento que aquellos ojos queridos han agotado su fulgor mortal, y que aquellos hermosos labios están silenciosos, con sus «hojas carmesí» marchitas para siempre, ¡enmudezco!

¡Pero tú vives, mi Idris, aun ahora te mueves ante mí! Había un claro, oh lector, un prado herboso en el bosque; los árboles que se retiraban dejaban su extensión de terciopelo como un templo para el amor; el Támesis plateado lo limitaba por un lado, y un sauce inclinado sumergía en el agua su melena de náyade, desgreñada por la mano invisible del viento. Los robles circundantes eran el hogar de una tribu de ruiseñores; allí estoy ahora; Idris, en la querida primavera de la juventud, está a mi lado; recuerda, tengo apenas veintidós años, y diecisiete veranos apenas han pasado sobre la amada de mi corazón. El río, crecido por las lluvias otoñales, inundaba las tierras bajas, y Adrián en su barca favorita se emplea en el peligroso pasatiempo de arrancar la rama más alta de un roble sumergido. ¿Estás cansado de la vida, oh Adrián, para que así juegues con el peligro?⁠—

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