obedecerás. En Austria, donde la se puede imponer la obediencia y no queda otra opción que entre una prisión honorable y un matrimonio
Ambas se retiraron entonces; aunque, al marcharse, la Condesa dijo: «Despacio; todos duermen; aunque no todos hayan sido preparados para el sueño como ella. No quisiera que nadie sospeche, o podría ser incitada a la resistencia, y tal vez escapar. Ven conmigo a mi habitación; permaneceremos allí hasta la hora acordada».
Se fueron.
Idris, presa del pánico, pero animada y fortalecida aun por su miedo excesivo, se vistió apresuradamente y, bajando por una escalera de servicio, evitando las inmediaciones de los aposentos de su madre, se las ingenió para escapar del castillo por una ventana baja, y llegó a través de la nieve, el viento y la oscuridad hasta mi cabaña; ni perdió el valor hasta que llegó y, depositando su destino en mis manos, se entregó a la desesperación y al cansancio que la abrumaban.