agonizado? No era la cobardía lo que me detenía; pues la verdadera fortaleza consistía en soportar, y la muerte tenía un sonido tranquilizador que me habría tentado fácilmente a entrar en sus dominios. Pero no haría tal cosa. Desde el momento en que había razonado sobre el asunto, me había constituido en súbdito del destino y servidor de la necesidad, de las leyes visibles del Dios invisible; creía que mi obediencia era el resultado de un razonamiento sólido, un sentimiento puro y un sentido exaltado de la verdadera excelencia y nobleza de mi naturaleza. Si hubiera visto en esta tierra vacía, en las estaciones y sus cambios, únicamente la mano de un poder ciego, de muy buena gana habría apoyado la cabeza sobre el césped y cerrado los ojos para siempre ante su hermosez. Pero el destino me había administrado la vida cuando la peste ya se había apoderado de su presa; me había arrastrado de los cabellos fuera de las olas estranguladoras. Mediante tales milagros me había comprado para sí; admití su autoridad y me incliné ante sus decretos. Si, tras una madura consideración, tal era mi resolución, era doblemente necesario que no perdiera el fin de la vida, el perfeccionamiento de mis facultades, ni envenenara su curso con lamentos sin fin. Sin embargo, ¿cómo dejar de lamentarme, ya que no había ninguna mano cerca para extraer la pica con barbados que había penetrado en lo más hondo de mi corazón? Extendí la mano y no tocó a nadie cuyas sensaciones respondieran a las mías. Estaba ceñido, amurallado, abovedado por siete veces siete barreras de soledad. Tan solo la ocupación, si lograba entregarme a ella, sería capaz de proporcionar un opiáceo a mi insomne sentido de la desdicha. Habiendo decidido hacer de Roma mi residencia, al menos durante algunos meses, hice los preparativos para mi alojamiento y elegí mi hogar. El Palacio Colonna era muy adecuado para mi propósito. Su grandeza, sus tesoros de pinturas y sus magníficas salas eran objetos relajantes e incluso estimulantes.
Hallé los graneros de Roma bien provistos de grano, y en particular de maíz; como este producto requiere menos arte en su preparación como alimento, lo elegí como mi sustento principal. Descubrí entonces que las