Muchos de nuestros visitantes nos abandonaron: aquellos cuyos hogares estaban muy al sur, huyeron encantados de nuestro invierno norteño y buscaron su tierra natal, seguros de la abundancia aun después de su terrible visita. Volvimos a respirar. Lo que traería el verano venidero, no lo sabíamos; pero los meses presentes eran nuestros, y nuestras esperanzas de un cese de la pestilencia eran altas.
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