principalmente deseo consultar. Haz lo que te parezca mejor; y si puedes recibir satisfacción de un modo de vida con preferencia a otro, no dejes que yo sea ningún obstáculo. Preveo que el plan que trazas en tu carta no durará mucho; pero eres dueña de ti misma, y es mi sincero deseo contribuir a tu felicidad hasta donde me lo
—Raymond ha profetizado bien —dijo Perdita—; ¡ay, que así sea! Nuestro actual modo de vida no puede durar mucho, mas no seré yo la primera en proponer un cambio. Él ve en mí a alguien a quien ha agraviado incluso hasta la muerte; y no abrigo esperanza alguna en su bondad; ningún cambio podrá producirse jamás ni siquiera por medio de sus mejores intenciones. Tan pronto habría podido Cleopatra lucir como adorno el vinagre que contenía su perla disuelta, como yo conformarme con el amor que Raymond puede ofrecertextAppearance ahora.
Confieso que no vi su desgracia con los mismos ojos que Perdita. Al menos me figuraba que la herida podía sanar; y, si permanecían juntos, así sería. Me esforcé,