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nydus/The Last ManPublic
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IV. Lord Raymond

que pintaba sus facciones con una expresión gozosa, su belleza se volvía eminente, divina. > —Verney —dijo—, mi primer acto cuando sea rey de Inglaterra será unirme a los griegos, tomar Constantinopla y someter toda Asia. Pienso ser un guerrero, un conquistador; el nombre de Napoleón se inclinará ante el mío; y los entusiastas, en vez de visitar su tumba rocosa y ensalzar los méritos del caído, adorarán mi majestad y magnificarán mis ilustres

Escuché a Raymond con intenso interés. ¿Cómo no iba a estar todo oídos ante alguien que parecía gobernar la tierra entera en su ávida imaginación, y que solo vacilaba cuando intentaba gobernarse a sí mismo? De su palabra y su voluntad dependían entonces mi propia felicidad y el destino de todos mis seres queridos. Me esforzé por adivinar el significado oculto de sus palabras. El nombre de Perdita no fue mencionado; sin embargo, no podía dudar de que el amor por ella causaba la vacilación de propósito que él mostraba. ¿Y quién era tan digna de amor como mi noble hermana? ¿Quién merecía la mano de este rey autoproclamado más que aquella cuya mirada pertenecía a una reina de naciones? Quien lo amaba como él a ella; a pesar de que la desilusión había sofocado su pasión y la ambición libraba un duro combate con la de él.

Fuimos juntos a la Cámara por la tarde. Raymond, aun sabiendo que sus planes y perspectivas iban a ser debatidos y decididos durante el debate previsto, se mostraba alegre y despreocupado.

Un zumbido, semejante al de diez mil colmenas de abejas enjambrando, nos aturdió al entrar en la sala de café. Grupos de políticos se congregaban con el ceño fruncido y voces altas o profundas.

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