Sin embargo, ¿no será este mundo repoblado, y los hijos de una pareja salvada de amantes, en algún retiro para mí desconocido e inalcanzable, al vagar hacia estas prodigiosas reliquias de la raza antepestilencial, buscarán saber cómo seres tan prodigiosos en sus logros, de imaginación infinita y poderes divinos, habían partido de su hogar hacia un país desconocido?
Escribiré y dejaré en esta ciudad antiquísima, en este «único monumento del mundo», un registro de estas cosas. Dejaré un monumento de la existencia de Verney, el Último Hombre. Al principio pensé solo en hablar de la peste, de la muerte y, por último, del desamparo; pero me detuve con afecto en mis primeros años y registré con celo sagrado las virtudes de mis compañeros. Ellos han estado conmigo durante el cumplimiento de mi tarea. La he llevado a término; levanto los ojos de mi papel: de nuevo los he perdido. De nuevo siento que estoy solo.
Ha pasado un año desde que me hallo así ocupado. Las estaciones han cumplido su acostumbrado ciclo y han revestido esta ciudad eterna con un manto mudable de sobrecogedora belleza. Ha pasado un año; y ya no conjeturo sobre mi estado ni sobre mi porvenir: la soledad es mi familiar, la tristeza mi inseparable compañera. Me he esforzado por desafiar la tormenta, me he esforzado por adiestrarme en la fortaleza, he procurado imbuirme de las lecciones de la sabiduría. No sirve de nada. Mi cabello se ha vuelto casi gris; mi voz, desacostumbrada ya a emitir sonidos, resuelta extraña en mis oídos. Mi persona, con sus facultades y rasgos humanos, se me antoja una excrecencia monstruosa de la naturaleza. ¡Cómo expresar en lengua humana un dolor que ningún ser humano conoció hasta esta hora! ¡Cómo dar expresión inteligible a una angustia que nadie sino yo podría llegar a comprender! Nadie ha entrado en Roma. Nadie vendrá jamás. Sonrío con amargura ante la ilusión que he nutrido durante tanto tiempo, y más aún cuando reflexiono que la he cambiado por otra igualmente ilusoria, igualmente falsa, pero a la que ahora me aferro con la misma confiada esperanza.