mientras una visión de la figura de Adrian, mancillada por la pestilencia y sumida en la muerte, flotaba ante ellos. Me cogió de la mano al terminar: —¡Desleal! —exclamó—, ¡me has traicionado! —y luego, dando un salto hacia adelante, con el aire de quien tiene derecho a mandar, reclamó para sí el puesto de diputado. Lo había comprado, dijo, con peligro, y lo había pagado con fatiga. Su ambición descansaba en eso; y, tras un intervalo consagrado a los intereses de su patria, ¿iba yo a presentarme a cosechar el beneficio? Que recordaran cómo había sido Londres cuando él llegó: el pánico reinante trajo la hambruna, mientras todo vínculo moral y legal se desvanecía. Él había restablecido el orden; aquello había sido una labor que requería perseverancia, paciencia y energía; y no había dormido ni velado sino por el bien de su país. —¿Se atreverían a agraviarlo de ese modo? ¿Le arrancarían su merecida recompensa para concedérsela a alguien que, sin haberse mezclado jamás en la vida pública, llegaría como un novato al oficio del cual él era un experto? Exigía el puesto de diputado como su derecho. Ryland había demostrado que lo prefería a él. Jamás antes él, que había nacido incluso con la herencia del trono de Inglaterra, jamás había pedido favor ni honor a aquellos que ahora eran sus iguales, pero que habrían podido ser sus súbditos. ¿Se lo negarían? ¿Podrían apartar del camino de la distinción y la loable ambición al heredero de sus antiguos reyes, y acumular otra decepción sobre una estirpe caída?
Nadie había oído nunca antes a Adrián aludir a los derechos de sus antepasados. Nadie había sospechado jamás que el poder, o el sufragio de las masas, pudieran importarle de algún modo. Había comenzado su discurso con vehemencia; terminó con una modestia sin pretensiones, haciendo su llamamiento con la misma humildad que si hubiera pedido ser el primero en riqueza, honor y poder entre los ingleses, y no, como era la verdad, ser el primero en las filas de las labores aborrecibles y la muerte inevitable. Un murmullo de aprobación se alzó tras su discurso.