Codal
nydus/The Last ManPublic
EspañolEnglish
Página 50 de 658
Table of Contents

III. Feliz, Tres Veces Feliz

Felices, tres veces felices, fueron los meses, y las semanas, y las horas de aquel año. La amistad, de la mano de la admiración, la ternura y el respeto, construyó una enramada de deleite en mi corazón, antaño agreste como un yermo sin pisar en América, como el viento sin hogar o el mar sin hierba. Una sed insaciable de conocimiento, y un afecto desbordante por Adrian, se combinaron para mantener ocupados tanto mi corazón como mi entendimiento, y en consecuencia fui feliz. ¿Qué felicidad es tan verdadera y despejada como el gozo desbordante y locuaz de la gente joven. En nuestra barca, sobre mi lago natal, junto a los arroyos y los pálidos álamos de la ribera⁠—en el valle y sobre la colina, mi cayado a un lado, con un rebaño más noble que cuidar que las tontas ovejas, nada menos que un rebaño de ideas recién nacidas, leía o escuchaba a Adrian; y su discurso, ya fuera sobre su amor o sobre sus teorías para el perfeccionamiento del hombre, me extasiaba por igual. A veces mi humor indómito volvía, mi amor por el peligro, mi resistencia a la autoridad; pero esto era en su ausencia; bajo el suave influjo de sus caros ojos, yo era obediente y bueno como un niño de cinco años que obedece los mandatos de su madre.

Tras una residencia de alrededor de un año en Ulswater, Adrian visitó Londres y regresó lleno de planes para nuestro beneficio. > «Debes comenzar la vida —dijo—: tienes diecisiete años, y una demora mayor haría que el aprendizaje necesario fuera cada vez más pesado». Preveía que su propia vida sería de lucha, y yo debía compartir sus fatigas con él. Para prepararme mejor para esta tarea, debíamos separarnos ahora. Encontró que mi nombre era un buen salvoconducto para el ascenso, y me había conseguido el puesto de secretario privado del embajador

50