gritos desgarradores y terrible silencio—de la variedad de la enfermedad, la deserción, la hambruna, la desesperación y la muerte? Hay muchos libros que pueden alimentar el apetito que anhela tales cosas; que recurran a los relatos de Boccaccio, De Foe y Browne. La vasta aniquilación que todo lo ha tragado—la silenciosa soledad de la que fuera ajetreada tierra—el solitario estado de aislamiento que me cercaba, ha despojado aun a tales detalles de su punzante realidad y, suavizando los tintes truculentos de la angustia pasada con matices poéticos, soy capaz de escapar del mosaico de las circunstancias, al percibir y reflejar la agrupación y el colorido combinado del pasado.
Había regresado de Londres poseído por la idea, con la íntima sensación de que mi primer deber era asegurar, lo mejor que pudiera, el bienestar de mi familia, para luego volver y ocupar mi puesto junto a Adrian. Los acontecimientos que siguieron inmediatamente a mi llegada a Windsor cambiaron este punto de vista. La peste no