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nydus/The Last ManPublic
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III

Al caer la noche, suplicó que Clara durmiera en un camarote separado. Su criada, sin embargo, se quedó con ella.

Alrededor de la medianoche, le habló a esta última diciéndole que había tenido un mal sueño, y le ordenó que fuera con su hija y le trajese noticias de si descansaba tranquilamente. La mujer obedeció.

La brisa, que había amainado desde la puesta del sol, volvió a levantarse ahora. Me encontraba en cubierta, disfrutando de nuestra rápida marcha. La quietud solo se veía alterada por el rumor de las aguas al abrirse ante la firme quilla, el murmullo de las velas llenas e inmóviles, el silbido del viento en los obenques y el movimiento regular de la máquina.

El mar estaba suavemente agitado, mostrando ahora una cresta blanca y retomando luego un tono uniforme; las nubes habían desaparecido; y el éter oscuro ceñía el ancho océano, en el cual las constelaciones buscaban en vano su espejo habitual. Nuestra velocidad no debía de ser inferior a ocho nudos.

De pronto oí un chapoteo en el mar. Los marineros de guardia corrieron hacia la borda de la embarcación con

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