meter alguien un cuchillo en tu bolsa mientras la tenías bajo la cabeza? ¡Seguro que te habría despertado!
Cuando Aksyónof oyó estas palabras, tuvo la certeza de que aquel era el hombre que había matado al comerciante. Se levantó y se fue.
Toda esa noche Aksyónof estuvo despierto. Se sentía terriblemente desgraciado, y toda clase de imágenes acudían a su mente.
- Estaba la imagen de su esposa tal como era cuando se separó de ella para ir a la feria.
- La veía como si estuviera presente; su rostro y sus ojos se alzaban ante él; la oía hablar y reír.
- Luego veía a sus hijos, muy pequeños, tal como eran en aquel entonces: uno con una pequeña capa, otro en el pecho de su madre.
- Y entonces se acordaba de sí mismo tal como solía ser: joven y alegre.
- Recordaba cómo se sentaba a tocar la guitarra en el portal de la posada donde fue arrestado, y lo libre de preocupaciones que había estado.
- Veía, en su mente, el lugar donde fue azotado, al verdugo y a la gente de pie a su alrededor; las cadenas, los convictos, los veintiséis años enteros de su vida en prisión, y su vejez prematura.
El pensamiento de todo aquello lo hacía sentirse tan infeliz que estaba dispuesto a matarse.