él por amor
Un peligro que reconocí como posible: que pudiera dejarme llevar por la debilidad hacia algún nuevo conocido, y que mi marido se pusiera celoso. Pero él confiaba en mí de un modo tan absoluto, y parecía tan tranquilo e indiferente, y todos los jóvenes eran tan inferiores a él, que este único peligro no me alarmaba. Sin embargo, la atención de tanta gente en sociedad me producía satisfacción, halagaba mi vanidad y me hacía pensar que había algún mérito en mi amor por mi marido. Así me volví más desenvuelta y segura de mí misma en mi trato con él.
—Oh, te vi esta tarde manteniendo una conversación de lo más animada con la señora N⸺ —le dije una noche al volver de un baile, amenazándole con el dedo.
Él había estado hablando verdaderamente con esta dama, que era una figura muy conocida en la sociedad de Petersburgo. Estaba más callado y deprimido que de costumbre, y se lo dije para animarle.