época de los malos caminos y no había forraje; ¡pero no importaba! El bárin no podía arreglárselas sin eso. No nos atrevíamos a quejarnos de esto, pero no había orden.
Pero ahora vuestra merced deja que cualquiera de nosotros, los campesinos, le vea la cara, y así ha venido un cambio sobre nosotros; y el mayoral es un hombre distinto. Ahora sabemos con certeza que tenemos un bárin. Y es imposible decir cuán agradecidos están vuestros campesinos por vuestra bondad. Pero antes de que vinierais, no había ningún bárin de verdad: todo el mundo era bárin. Iliitch era bárin, y su mujer se daba aires de señora, y el escribiente de la comisaría era bárin. ¡Demasiados de ellos! ¡uj!, los campesinos tuvieron que soportar muchas pruebas.
Nekhliúdov experimentó de nuevo un sentimiento parecido a la vergüenza o el remordimiento. Se puso el sombrero y siguió su camino.