conformidad con la voluntad del pueblo; todo esto son palabras que oscurecen o revelan algo conocido desde hace mucho. Pero el episodio que tuvo lugar en Lucerna el 19 de julio me parece algo totalmente nuevo y extraño, y no está relacionado con el lado eternamente feo de la naturaleza humana, sino con una época bien conocida del desarrollo de la sociedad. Este hecho no pertenece a la historia de las actividades humanas, sino a la historia del progreso y de la civilización».
“¿Por qué este hecho inhumano, imposible en cualquier país —Alemania, Francia o Italia—, es perfectamente posible aquí, donde la civilización, la libertad y la igualdad se llevan al grado más alto de desarrollo, donde se reúnen los viajeros más civilizados de las naciones más civilizadas? ¿Por qué estos seres cultos, por lo general capaces de toda acción humana honorable, no tuvieron un sentimiento humano y sincero hacia una buena obra? ¿Por qué esta gente que en sus palacios, sus reuniones y sus sociedades trabaja con fervor por la condición del célibe chino en la India, por la difusión del cristianismo y la cultura en